Cuando hablamos de tecnoestrés, el también denominado Síndrome de Fatiga Informativa, nos referimos al malestar y a las secuelas psicológicas y físicas que produce el uso intensivo de las tecnologías de la información y las comunicaciones en el ámbito laboral, en el ocio y en la vida familiar.
Esta patología habitualmente se manifiesta a través de los siguientes trastornos:
Trastornos psíquicos: ansiedad, inquietud, problemas de concentración, pérdida de memoria, trastornos del sueño, cambios repentinos de carácter, irritabilidad, apatía, agresión, tristeza angustia y aislamiento; esto último conlleva una vida disfuncional, por la aparición de conflictos en el área ocupacional, social y familiar.
Trastornos físicos: dolor de cabeza, irritabilidad de la vista, ulceras, gastritis, palpitaciones, mareos, dolores musculares y/o articulares en brazos, hombros, cervical y espalda.
También se deben tener en cuenta algunos criterios de diagnóstico, como:
- La necesidad de incrementar el tiempo de conexión a Internet para lograr la satisfacción.
- Pensamientos recurrentes obsesivos acerca de lo que estará ocurriendo en Internet.
- Sueños acerca de Internet
- Las actividades sociales, profesionales o de recreo disminuyen o desaparecen a causa del uso de Internet.
- Necesidad obsesiva de adquirir las últimas novedades tecnológicas.
- Capacidad para estar manejando varios dispositivos tecnológicos al mismo tiempo.
- Empobrecimiento notable del lenguaje hablado y escrito.